Somos cuatro espinillosos adolescentes con debilidad por la prosa, la música indie y los chistes fáciles. No se pierde nada por leernos de vez en cuando.

domingo, 12 de febrero de 2012

El crujir de los amaneceres muertos



Se aplaca la densa niebla que rezuma del café. Dentro de una trampa de neopreno, realizo el acrobático traspiés que me sumerge en el  ígneo zumo ocre. El líquido allana la morada del interior de mis gafas, y calcina mis globos aculares. Me siento como el cíclope derrotado por Ulíses, pero más amargo y sin una pizca de azúcar. 
En el abismo de la taza, junto a unos grumos sin disolver y un pigmeo hijo del café, hallo al fin la reliquia. Tanteo con endebles prolongaciones de la mano, localizo el asa e intento emerger con el tesoro. Se trata de el antídoto de la inconsciencia, la cura a las almas volátiles , la criptonita de Morfeo. Es cafeína.
Con la más afilada espada, abro una zanja en mi muñeca y derramo aquel elemento salvador. 
La herida se cierra, deja como cicatriz un horripilante sabor de boca. La máquina que rige mi lógica empieza a funcionar, mis ojos rompen las telarañas que sellaban sus párpados. 
Estoy sentado, en una cocina. Son las siete de la mañana. No tengo tiempo para fantasías

Romances Suaves

Ardo en deseos de alcanzar un romance suave que colme mi primavera de aromáticas flores. Flor de labios, flor de senos y flores de mujer. Esas que florecen a nuestra edad y que si tuviera 2 años más sería delito deshojar.
Sueño con un romance ligero, cargado de risas tontas, destellos de melenas doradas y agua en los zapatos. Ansío el calor de otra mano en mis palmas y el contacto pleno en un abrazo con gabardinas.
Clasificar olores e identificar sabores. Domar las mariposas de mi estómago para componer bellas coreografías con las que obtener besos. Comprar discos de baladas empalagosas y escucharlos mientras las nubes avanzan en las cada vez más largas tardes. Hacer de cada banco una alcoba, de cada roce un fetiche y de cada susurro cine X. Manchar con nata la punta de otra nariz, y convertirte en dos cuartos de naranja.
Ansío jugar, corretear y caer rendidos en un manto de césped. Quiero cambiar reacciones electromagnéticas por miradas en acústico.
Anhelo perderme en la ciudad, situarme en el mapa de otro rostro. Me encantaría contar el tiempo en latidos de nuestros corazones y  plantearme seriamente el comprar anticonceptivos
Fantaseo con contar estrellas, contar lunares y sumarlo todo para obtener la cifra que una ciencia y religión.
Quiero saltar bordillos sin miedo, sabiendo que hay un brazo cuidando que no me caiga.
Me encantaría intercambiar "te quieros" durante eones y coleccionar un mol de caricias.
Quiero un romance que deje huella pero no cicatriz.