Hace justamente un año todo era totalmente distinto para nosotros. Colagusano deambulaba por discotecas rodeado de niñatos con camisetas tan caras como anchas y gorras de colorines. Cornamenta dedicaba su tiempo al estudio, el basket y muy de vez en cuando a la vida social. Canuto hacía honor a su apodo cada tarde mientras por las mañanas, en clase de informática, configuraba el top 505 de su grupo favorito. Todos ignoraban lo que el futuro les deparaba, lo que la vida les cocinaba lentamente.
Colagusano, al que parecía imposible bajar de su nube de modernidad y comercialidad. Cornamenta, el niño solitario que nunca conseguiría nadie quién lo quisiese. Canuto, el colega que siempre aprobaba en septiembre y cuyo corazón ninguna mujer podría robar.
Algunos de estos cambios drásticos son duros, otros llenan de felicidad el seno Coconauta. Por ejemplo, mirar el aula de esquina a esquina y no ver ninguna peluca peligrosamente rizada, es muy duro. Ver a alguien quien antes pasaría de ti venir a verte cada día a tu clase, llena de orgullo. Notar en los ojos de un amigo la felicidad interna, tras varias capas de rayadas, no tiene precio. Comentar nuevas experiencias con cada uno de ellos que hace unos meses ni podríais imaginar... Ir a ver a ese grupo de rock inglés con el que tantas horas has pasado entre vídeos, canciones, pipas y conversaciones, es increíble.
Aún quedan muchas cosas que cambiarán, otras que permanecerán, como siempre igual. Lo único que sé es que al pensar en ese grupo de pajilleros espinillosos a los que considero mis mejores amigos, me hace sentir un poco más feliz conmigo mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario