Ahora la cosa está turbia también en lo sentimental. Cuando crees que tienes tu vida con una sólida base para empezar a crecer y madurar, de pronto viene alguien y te enseña que eso no es así. Te tira al suelo tu castillo de ladrillos hecho con naipes.
Resulta que no eres como pensabas, sino mucho peor: no sabes desenvolverte en un mundo donde la gente a la que considerabas inferior corretea a sus anchas; te das cuenta de que gente con la que no contabas está ahí, y gente con la que contabas más ya no lo está; descubres facetas nuevas de la gente, y ellos descubren facetas ocultas tuyas, que por lo general suelen decepcionar.
Lo que más duele es que todo esto te lo enseñe una persona maravillosa, una persona que teniendo menos de la mitad de suerte que tú, menos de la mitad de tiempo que tú, menos de la mitad de posibilidades que tú, te dé millones de vueltas en todo y estés a la altura de sus zapatillas.
Lo bueno de que la realidad se muestre tal y como es, entre tanto desperdicio y basura a tu alrededor y sobre tí, brillan preciosas piedras , que poseías antes y no las has valorado lo suficiente. Piedras que haya pasado lo que haya pasado no puedes dejar de mirarlas destellar perfección. Esas piedras que te cuesten los disgustos que te cuesten quieres mantener sea como sea, en calidad de alquiler o como posesión propia.
A parte de esas piedras preciosas también existen otras caras joyas que siempre tienes. A estas joyas yo los llamo cariñosamente Coconautas. Personas en las que confiar, personas con las que dialogar, filosofar, hacer planes y comer pizzas. Personas que día a día te demuestran que estés hecho de la mierda que estés hecho, a ellos les importas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario